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Covid free o por lo menos lo parece

Este sábado estuve en mi primer concierto de pie, sin sillas, sin mascarilla, y en una local cerrado, y enseñando el pasaporte Covid para entrar. Estando allí, encontrándome con gente conocida, y viviendo de nuevo una noche como las de antes de la pandemia, me di cuenta de que echaba de menos todas esas sensaciones. No era consciente. Mi amiga estaba como las cabras y muy divertida. Todo el mundo iba fatal y la verdad es que al final yo también acabé mirándome en el espejo del lavabo sintiendo la euforia de la noche. No sé explicarlo mejor. Todo esto también me ha hecho recordar sensaciones pre-pandemia que quedaron estancadas en aquella zanja que, de repente, se abrió.   Están pasando cosas. Cambios... pero tengo ángeles sobre berlín echándome una mano. (no publico los comentarios,  pero los leo, gracias por vuestras reflexiones sobre lo que voy contando por aquí...).

medallas, supermercados...

Como he llegado de ensayar cuando ya había oscurecido, me ha parecido que era muy tarde.  Siempre vuelvo del ensayo con hambre. En el supermercado me he acordado de mi abuela. Cuando tengo algo importante que hacer, me meto en el bolsillo una medalla que ella siempre llevaba. Por ejemplo, si tengo una reunión importante o en los conciertos.  Mi perra ya se ha recuperado y tiene mucha energía. Se puso buena en verano. Ahora corre mucho y juega todo el tiempo. No sé cómo será el futuro. El futuro es como pedacitos de presente que se van ordenando y desordenando.  Mi prima pequeña ya se ha graduado en la universidad. 

Espiritualidad, canciones bonitas, capitalismo, ramos por las esquinas de Madrid y chicas de instagram

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Esta canción me parece la más bonita de Diiv. Bonita quiere decir bonita. Esta canción activa todos mis neurotransmisores. Esta canción hace que me sienta como enamorada. Esta canción es sublime. La guitarra de la intro y de los puentes, tan cristalina. La fragilidad y fortaleza de Cole.  Quería volver a Madrid antes de que acabara el año, pero me da miedo ponerme triste, porque es un cementerio de recuerdos. Ha quedado muy dramático. Tendría que ir dejando ramos de flores por todas las esquinas. He descubierto que tengo ansiedad. La verdad es que no es algo nuevo. Sentirse así, como expuesta al peligro constantemente. Al peligro de no ser quien esperan que seas o al peligro de no ser quien tú esperas ser.  Pero es que te meten (y nos metemos) en la rueda. En una especie de corriente de la que es complicado mantenerse al margen. Excepto cuando declaran una pandemia y nos confinan mundialmente. Recuerdo perfectamente el alivio de pensar que todo estaba parado y podía, sencillamente, d

Intuición

Ha sido una semana muy estresante. Entre la música y el trabajo y las decisiones. He cambiado de opinión respecto a algo. Tuve una corazonada en el último momento. Hice caso a la intuición... aunque esté en extinción. No tengo tiempo para tener citas de tinder ni para mantener la atención. El pasado ha vuelto en sueños y también en fotos que aparecen en el ordenador buscando otras cosas. Las semanas pasan muy rápido. Estoy un poco en bucle.  He borrado algún párrafo de esta entrada. 

Ja s’ha acabat l’estiu

No recordo què vaig escriure l'últim dia. L'estiu ja s'ha acabat. Estic mantenint la rutina de natació. La piscina és el meu refugi, el lloc on no arriba l'estrès ni les preocupacions. Fa dos anys, estàvem a les festes de la mercè i em va preguntar si ja érem nòvies. Ja no es veu el Tibidabo, l'edifici ho ha tapat tot, també la Sagrada Família. Ara estan posant els vidres de les finestres. Quan estigui acabat, el sol es reflectirà en els vidres, i crec que serà bonic de veure. No tant com el Tibidabo. Sempre que m'asseia aquí i veia les llums del parc pensava que un dia hi aniria i miraria cap a casa meva des d'allà, o sigui, a l'inrevés. No trobo ningú que m'agradi molt (de moment). Trobo dones que m'agraden una mica, però no molt. Vaig passar un matí i una nit amb una persona-viatge. Són persones que et transporten a un altre lloc per un dia, com si estiguessis fent un recorregut en tren i baixessis a una parada i passessis un dia sencer visita

Subirse al tren

Un final de verano apoteósico. Sabía que tenía ganas de volver a tocar en directo, pero fui realmente consciente cuando estaba bajo las luces, notando las gotas de sudor por debajo de la ropa y disfrutando al máximo de la música. El miedo no hizo acto de presencia. Sí la emoción, la pasión, la energía de estar allí, la electricidad, la fuerza. Fue un bolo perfecto. Sonó bien, nos lo pasamos genial y el público disfrutó. Me noté distinta, más segura que antes, más entera, más convencida de las canciones, más fuerte. Es que han pasado muchas cosas, supongo, y me han cambiado. Sentía que estábamos tocando muy bien y que estaba siendo intenso, que estábamos muy conectados, que la banda sonaba compacta. Lo mejor es que el sábado que viene volvemos a tocar. Será la primera vez en Valencia, me hace mucha ilusión. Espero poder disfrutarlo tanto como la otra noche. Tengo ganas de subirme al tren...

#18 (Diari de l'estiu, 2021)

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A les darreres setmanes, he tingut quatre somnis amb tu. La primera vegada em va semblar estrany que, després de tant de temps, apareguessis per allà, en el meu cap, ara ja em sembla quelcom familiar i m'agrada. Són somnis senzills, ens trobem i no hi ha cap mena de reacció negativa ni part meva ni teva, tot el contrari. En el d'avui, jo llogava una habitació uns dies a una altra ciutat, i tu eres la propietària, i ens reconeixíem quan em venies a donar les claus. Et quedaves a sopar i a passar la nit. En un altre ens trobàvem a un bar i preníem una cervesa a la barra i marxàvem amb les bicis a l'Escocesa. Els dos que queden són una versió d'aquest últim del bar, però a una festa i a un carrer. Molt real, gens oníric ni passat de voltes. Quan em desperto, sempre em fa molta ràbia. M'agrada, en certa manera, aquesta realitat paral·lela. En el somni d'avui no t'hi assemblaves gens, però diguem-ne que eres tu. No sé si això de somniar amb tu és arran d'

#17 (Diari de l’estiu 2021)

Recordo moltes vegades allò que em vas dir els últims dies que vàrem parlar, que volies una vida tranquil•la i senzilla. Jo també la vull, però em costa fer retirada. Avui he pensat en tu perquè els carrers són els mateixos i les llums i les faroles també. He notat que encara em fa pena. No ho negaré. No he aconseguit plorar però m’hauria anat molt bé. Vull plorar molt. La meva vida tranquil•la començaria deixant de buscar, però… com es fa per aturar la cerca que implica viure? I com es fa per fer que les troballes no es perdin? Hi ha persones molt intel•ligents. He tret tota la guitarra de “How long have you known” de Diiv. M’encanta tocar-la a sobre mentre sona la cançó i sentir-me per uns moments Zachary Cole Smith. Tenim dos concerts i no sé si seré capaç de tornar a pujar a un escenari sense patir, després de tant de temps. Tota una pandèmia. Una part de mi té moltes ganes de tornar a fer música a un escenari. L’altra part de mi vol dormir o nedar.    vol dormir i nedar.  També he

#16 (Diario de verano, 2021)

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  A las diez, entra el sol por la cristalera de la piscina e ilumina el primer carril. Cuando giro la cabeza para respirar, me deslumbra y es una de esas sensaciones únicas y hermosas. Esta canción de 2012 se ha convertido en mi canción de secarme al sol en 2021. Me encantan las guitarras, me parecen cristalinas, azul piscina, radiantes como el sol del primer carril. Zachary Cole Smith de DIIV me parecía un chico-chica muy atractivo-a hace unos años. Ahora está muy cambiado, parece otra persona. Leí que había tenido muchos problemas con la heroína. No lo sé. Los laberintos.

#15 (Diario de verano, 2021)

Mi primera impresión de Valencia es que todo estaba más limpio que aquí y que era una ciudad muy luminosa. Conocí a mucha gente y lo pasé bien. No soy consciente de que la sorpresa veraniega es bastante guay. Estoy en un momento de incredulidad. Las vistas desde la terraza han cambiado. Ya no veo la noria del Tibidabo ni el santuario, ni la montaña, ya no se me pierde la vista porque topa con el esqueleto de un edificio en construcción, líneas rectas y bloques de cemento. Me da pena. Qué sensible. Sigo contando piscinas. He reencontrado mi refugio. Voy a la misma piscina desde hace diez años. Aunque de forma intermitente. Tuve una época en la que probé otra desde la que se veía la calle mientras nadaba, y me parecía poético ver a la gente pasar mientras yo estaba en el agua, pero echaba de menos la luminosidad de la otra, los carriles anchos, los banderines de colores. Y volví. Siempre se puede volver con tu ex-piscina.  Contar piscinas es una actividad casi meditativa. La número 1 de

#14 (Diario de verano, 2021) - Me he saltado el trece, por si acaso.

Esta mañana, en la piscina, he tenido un carril solo para mí. O estaba todo el mundo en la playa o ya han empezado a marcharse de vacaciones. Me hace muy feliz haber encontrado una rutina para los sábados y los domingos por la mañana. Miro a mi alrededor. La hiedra, el jazmín, las otras plantas que no conozco el nombre. Me fijo en el edificio del gimnasio, una antigua fábrica de finales del siglo XIX, donde trabajaban tejidos. Es un edificio hermoso, blanco, con ventanales y buhardillas. Vuelvo a nadar. Nadar, nadar, nadar, es lo mejor del mundo. Me gusta un poco el socorrista. Ser lesbiana y que te guste el socorrista es de lo más absurdo. Tal vez ya no sea lesbiana. No, no es eso. Sencillamente, no quiero saber nada de aquello que potencialmente puede hacerme daño. Es un chico de pelo castaño oscuro, alto, con músculos definidos pero sin exagerar, y no lleva tatuajes. Es amable. Tiene la voz bonita, cálida, la mirada dulce. Me gusta de un modo platónico, poético, sin deseo. Es el soc

#12 (Diario de verano, 2021)

Devoro las mañanas de los sábados y los domingos nadando en la piscina, leyendo y tomando el sol en el césped, nadando-leyendo-sol. La luz se filtra por la claraboya e ilumina el agua. Contar piscinas me gusta y concentrarme en el número que estoy nadando.   Me voy sintiendo mejor. La tristeza se está domesticando. La desesperanza va menguando. Están ensayando ópera en la fábrica. En septiembre ya no estará y cambiará totalmente el paisaje urbano. Un bloque de oficinas llenas de gente con ordenadores la sustituirá. Lo peor será el ruido de las obras durante dos años. El polvo. No quiero que tiren la fábrica. Me cuesta mucho pensar que algo que lleva un siglo en pie vaya a desaparecer.

#11 (Diario de verano, 2021)

Mi madre me ha llamado desde el hotel y me ha contado que desde la habitación se ve el mar. Me ha mandado una foto. Y que todas las habitaciones que acaban en 10, como la suya, tienen la terraza más grande. Que han tenido suerte. Que mi padre se ha bebido un gin sour después de cenar mientras empezaba el karaoke del hotel (me conmueve, me suena a infancia, a música que viene de lejos, a mosquitos, a 1989, a coches de gasolina). Me gusta mucho que mis padres estén de vacaciones y que mi madre esté disfrutando, y que los dos hayan dejado atrás el susto de finales del año pasado e inicios de este. Lo pensé cuando estábamos en el hospital, que ojalá llegara el verano, luminoso y lleno de karaokes.  Hoy aquí ha hecho mal día, allí también, por lo visto.  Esta tarde he estado con A en el bar de mi ex-vecino. Me gusta mucho esa terraza y el airecito que sube de la playa. Ayer estuve en la tienda de discos y me dieron una mala noticia: desaparece la nave industrial que veo desde mi casa. Const

#10 (Diario de verano, 2021)

Me parecen poéticos los autobuses, casi vacíos, que recorren la ciudad, de punta a punta, anunciando su destino en el cartel luminoso. Yo me los cruzo y pienso en lo bellos que son, un poco fantasmas de sábana blanca, y se desvanecen a lo largo de la calle como van esfumándose las personas a lo largo de la vida. Hoy he estado leyendo en el césped de la piscina, no recordaba que era mi lugar preferido hace unos años. Me he puesto un bikini negro, uno con las clásicas tres rayas de adidas, que me dio mi última pareja porque a ella le apretaba. Estaba en un cajón, no tenía presente que seguía allí. He estado pensando en que no estar es una forma bastante íntima de estar.

#9 (Diario de verano, 2021)

Estaba convencida de que jamás volvería a emocionarme con un poema de Córtazar, creía que era algo que sólo ocurría a los veintipico, cuando vas a la universidad y estás estudiando una carrera de letras, y te enamoras de los puentes, de los callejones, del cool jazz y de ciudades portuguesas, y no tienes ni idea de nada, pero te lo parece, y sientes esa especie de nostalgia del futuro, o de nostalgia por algo que todavía no ha pasado. Sin embargo, ayer, mientras conducía, escuché en la radio recitar "Estela de una encrucijada" y me partió en dos, porque me pareció que hablaba de ti y de mí, después de tanto tiempo y de tantas cosas. Tras tanto contexto perdido, cómo podía ser que hablara de ti y de mí. Hoy he ido a comprarme el libro para leerlo otra vez.  Por tarde, he estado ensayando y he salido chorreando de sudor del local. Nos lo hemos pasado muy bien.  Hoy he ido a trabajar presencialmente (no he teletrabajado) y me he sentido muy afortunada por estar haciendo algo que

#8 (Diario de verano, 2021)

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He pasado día y medio con fiebre y sintiéndome fatal, pero hoy ya estoy bien. Me pusieron la vacuna en la Fira y entré por la misma puerta que se entraba al Sónar.  Me emocioné al escuchar la despedida del locutor Julio Ruiz del programa Disco Grande, tras tantos años en antena. Tengo asociada su voz a una etapa feliz y a una carretera muy bonita, de curvas, y rodeada de árboles, escuchando una cinta de cassette de Los Planetas, porque mi coche todavía era de los de cassette, aunque todos llevaban ya CD. También se ha jubilado Tolentino, del Séptimo Vicio, tuve una época en la que escuchaba todos los programas mientras me duchaba. Sigo teniendo días en los que me parece que el presente no tiene brillo, como si le faltara una buena ecualización. No sé, seguramente, mi visión está distorsionada. El trabajo me va muy bien, siempre me siento con "la obligación" de decirlo.  Mi lista de balsas de supervivencia: las nuevas pinceladas que descubro en el cuadro que encontré encima

#7 (Diario de verano, 2021)

Ayer estuve tomando una cerveza en el bar de mi ex-vecino con A. Ella me contó sus problemas prácticos, y yo mis problemas etéreos.  ¿Hasta qué punto se  debe homenajear una pérdida? Homenajear en el sentido de rendir una especie de tributo íntimo, como quien se tatúa algo para acordarse de tal evento en su vida. O mantener lugares como algo sagrado. No lo sé. No lo he descubierto. No sé la respuesta. Tinta invisible. El domingo pasado nos grabaron un vídeo tocando en directo y miré a “mi cámara” en las frases clave de las canciones. Por dentro me estaba partiendo de la risa con las frases clave. A saber.

#6 (Diario de verano, 2021)

Se me ha olvidado durante dos días que estaba escribiendo un diario.  El sábado quedé con G a las siete de la tarde. Ya ha empezado a hacer mucho calor en Barcelona. Ya no se puede quedar antes. Se me ocurrió subir en bici hasta Gracia el primer sábado de calor extremo, pero no fue horrible porque todavía no hay humedad.  Estuvimos en el mismo bar durante horas,  mientras un niño, que estaba sentado en la puerta de una peluquería, se comía un helado, jugaba con su perro y se aburría un poco. Por la noche, bajé a casa, cuesta abajo y con el fresco. 

#5 (Diario de verano, 2021)

Tengo las plantas muy bonitas. Espero que logren resistir el calor que les espera. Y yo también.  Cuando las persianas venecianas se mueven con la brisa nocturna tengo la sensación de estar navegando. Esta mañana me han despertado las gaviotas. Creo que, defintivamente, vivo en una casa barco. Me siento orgullosa de las canciones nuevas. Las escucho y recuerdo todos los días que estuvimos juntos ensayando y componiéndolas. Es parecido al amor.

#4 (Diario de verano, 2021)

Con una amiga hemos imaginado que si hubiera una webserie bollo que girara en torno a una banda sería lo máximo de drama, porque en un grupo puede haber, ya de por sí, mucha intensidad, y si hay bollos de por medio, el drama podría elevarse a infinito.  Estoy escuchando a la orquesta clásica que ensaya en las naves de la manzana interior, pero se está juntando con los ensayos del grupo de versiones que también toca justo ahí, y la verdad es que la mezcla es muy loca. Es mi segundo día muy triste. Tal vez sea el eclipse. Me siento pequeña. La orquesta, ahora está tocando un pasaje hermoso, pero siniestro y desesperado. Qué pereza me da la apatía y estar triste, solo de pensarlo, me agota. Además, en verano, es muy complicado, es como ir a contracorriente de todo. Es una rebeldía absurda. 

#3 (Diario de verano, 2021)

He recogido la ropa limpia del tendedero y he sentido que era bonito dormir entre sábanas impregnadas de sol. Una alegría inesperada. Qué sé yo... He estado hablando con un vecino de la calle, el de la editorial. En su pequeño catálogo hay una joya brillante que me encantó leer, una selección de cartas de Virginia Woolf a amigas suyas, escritoras y amantes. Esa conversación informal sobre novelas y sobre la vida, en la calle, sentados en la puerta, a la sombra, me ha encantado. Por la tarde, he tenido que lidiar con la apatía y una tristeza muy mía, y con un montón de dudas e inseguridades que planean a mi alrededor, como águilas o cuervos. Me he acordado de aquel libro que leí el verano pasado, “El duelo es esa cosa con alas”, de Max Porter. Es una novela tan extraña y poética. Esa cosa con alas se va cuando ya no la necesitas.   Ha llovido un poquito y luego he salido con la bici a dar vueltas sin ton ni son por el barrio, alrededor de recuerdos de cosas que no volverán.  Me sentía g

#2 (Diario de verano, 2021)

Me sorprende descubrir detalles nuevos en el cuadro que encontré encima del buzón. El otro día me di cuenta de que en uno de los edificios hay unas buhardillas muy bonitas, tipo parisinas. Mientras desayuno me imagino viviendo en una de esas buhardillas, asomándome, cerrando los ojos llenos de sol, pasando el rato mirando por la ventana al anochecer. El último descubrimiento ha sido esta mañana, entre las casas que hay frente a la playa del cuadro, hay un hueco. Un hueco para mí.  O para la persona que lo pintó.  La  perri ya sube de la calle con la lengua fuera. Calor moderado.

#1 (Diario de verano, 2021)

Todavía no es verano oficialmente, pero yo he decidido iniciar un diario de verano en el que, como la propia palabra indica, escribiré cada día hasta el final del verano. Acabo de comerme un helado, estoy en  la terraza, son las diez menos veinte y todavía no ha anochecido. La "normalidad" va volviendo poco a poco y va revelando los huecos latentes que dejó el año pasado. Como si, inconscientemente, la vuelta a mi vida de antes buscara lo de antes, pero sin encontrarlo del todo. El buen tiempo trae sensaciones, temperaturas, picadas de mosquito, luces de atardecer y canciones. La melancolía se convierte en un espejismo en mitad del presente. He sacado la ropa de verano y toda me viene grande. He menguado durante el invierno.  Esta mañana, a las siete, he pasado en bici por la playa y los chiringuitos ya estaban abiertos. Las mesas ordenadas, la arena sin pisar. Todos los veranos son distintos. Incluso esos en los que parece que no pasa nada y solo hace calor.  

Una carta a tiempo

Querida E.: La semana pasada salí de la ciudad y pasé cuatro días fuera con mis compañeros de banda grabando un disco. No salía para un plan así, divertido, con amigos, desde antes de la pandemia. Los días previos estaba muy emocionada y contenta, preparándolo todo como una niña. Me encantó conducir por las carreteras rodeadas de viñedos, con los últimos rayos de sol, la luz espesa y cálida, anaranjada, maravillosa. Antes de llegar a mi destino, me paré en un camino a respirar y a celebrar tanta felicidad. Me sentía muy afortunada.  La casa estaba al final de una carretera de curvas que parecía no llegar a ninguna parte. M. salió a recibirme y lo primero que me enseñó fue el estudio de grabación, la piscina de los 80's y los alrededores. Me invitó a una copa de vino de una bodega de la zona y estuvimos charlando hasta el anochecer, esperando a que llegaran los demás. Me contó algunas historias sobre su familia napolitana...  Compartí habitación con D. Me sentí muy unida a él, no sé

Llaves que abren todos los buzones

Querida E.: El martes recibí tu  carta. No estaba en el buzón, estaba encima del contador de la luz de la escalera. Nunca dejan las cartas en el buzón. A veces las dejan en el suelo o encima del sillín de mi bici. A veces las pasan por debajo de la puerta. A mí me va mejor porque perdí la llave del buzón a principios del año pasado. Qué noche, aquella. Es muy largo de contar. Se me coló por una rendija del coche. Cuando conduzco, pienso en la llave. Mi vecino me deja la suya. ¿Sabías que casi todas las llaves de buzón son iguales? Yo aluciné. Tanta intriga con los buzones y todos se abren con la misma llave. Sobre lo que me cuentas, no sé qué aconsejarte. Haz lo que sientas que es mejor para ti, sopesa tus opciones. Sea lo que sea que decidas no llegarás a saber si te has equivocado, en algunos momentos te parecerá que sí y en otros que no. Haz lo que creas. La semana que viene grabo disco con mi grupo. Nos vamos a un estudio fuera de Barcelona. Nos quedaremos a dormir allí, la casa es

Una carta desde la pizzería

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Querida E.: He estado pensando en uno de los lugares en el que he sido más feliz, al que podré volver en el momento en el que me sienta más segura del presente. Debería haber vuelto hace dos años, pero entonces no me parecía necesario. Había otros lugares. Es una pizzería. Una en concreto. Está delante de un hotel. El hotel tiene una pista de tenis y una playa. ¿Será esa la playa a la que más veces he ido en mi vida? No lo sé, porque me he dado cuenta de que ya llevo años en otra vida y que cada vez es más larga, y que un día superará a la anterior, o quién sabe, tal vez empiece otra.  Puedo oler los pinos que rodean la pizzería y también el horno de leña, y los bordes de la masa crujientes. Me encantaban. Y los manteles de cuadros y las jarras de barro llenas de sangría fresca. Y el olor a after sun en la piel, y el pelo mojado, a las nueve de la noche, después de un día de playa. Y la cuesta, llena de murciélagos, y la música de los bares con algunos de turistas ingleses, fuera de te

Una carta desde el parque

Querida E.: Finalmente, los pronósticos de mal tiempo para el fin de semana no se han cumplido. Ayer hizo sol y hoy también. Eso sí, el aire es más frío y me he visto dudando entre ponerme chaqueta o abrigo en varios momentos del finde. Ayer por la mañana, por ejemplo, fui hasta el parque de la Ciutadella en bici y al llegar tuve que quitarme varias capas de ropa.  Cuando estaba paseando cerca de la Iglesia, que como ya sabes es uno de mis lugares preferidos del parque,  justo tocaban las campanas de las 11:00. Comprobé que la Plaça d’Armes está en obras hasta junio y que, por lo tanto, la parte más enigmática, para mi gusto, y tranquila del parque está desfigurada, llena de máquinas excavadoras. ¿Será por las palmeras asesinas? No, no es broma. El parque no es trigo limpio, nunca lo fue... pero no hablemos de ello, hablemos de las pequeñas alegrías diarias, que como bien sabes no tienen nada que ver con la felicidad (¿o sí?). Mientras paseaba por el parque se me ocurrió escribir a J.

Mi manillar verde tiene algo

Cuando era pequeña, a menudo salíamos a comer fuera. De hecho, uno de mis juegos preferidos era el de “los restaurantes”. Me gustaba inventarme la carta, escribirla y ponerle precio a los platos. Mi restaurante se llamaba como mi apellido, yo era la fundadora, la camarera, y la cocinera. No sé si    por ser hija única y haber jugado bastante sola (excepto en verano, en verano siempre estaba en la calle con más niñas y niños), pero cuando trabajo en equipo tiendo a llevar la batuta (o a querer llevarla) porque en mi cabeza veo claramente los pasos a seguir y lo que se necesita, porque es lo que yo haría para ponerlo en marcha si no contara con más personas. No digo que sea bueno o malo, es una reflexión. Sigo pensando en llegar de noche a Venecia, como ya escribí algunas semanas atrás, y en avanzar por el gran canal, con las siluetas de los palacios y las ventanas iluminadas de las casas reflejándose en el agua y el vaporetto abiriéndose paso. Creo que “ese llegar de noche a Venecia” es

Un lugar secreto

He descubierto un lugar que ya conocía, pero la verdad es que nunca le había prestado demasiada atención. La otra tarde lo vi con ojos nuevos. Se oye y se ve el mar, pero no es la playa. Las olas rompen en unas rocas falsas, puestas allí, como de repente, como sin ton ni son, pero encajan. El sol se refleja en las escalerillas que entran en la piscina de mar. El agua golpea el metal y se mueve con brío, como una corriente, una corazonada.  Me sentí a salvo y con mucho a lo que temer, al mismo tiempo, pero con esperanza de poder volver a  creer en todo lo que nos va manteniendo a flote. También pensé que era un buen lugar para besar a alguien por primera vez, pero no puede ser un beso random. Alegrías. Sólo alegrías.

Lo sublime y lo profano

Unas palomas grises picoteaban en una plaza de cemento cuando me atacó la melancolía, hace dos días, esperando a que se pusiera verde el semáforo, bajando por la calle Badajoz. Fue a traición porque me sentía contenta y hacía mucho sol. Estuve llorando veinte minutos, dentro del coche. Lloré por cosas muertas, estropeadas, decepcionantes o desaparecidas. En algún instante del llanto me sentí con el poder de recuperarlas intactas, sanas, vivas, brillantes, como si pudiera salvarlo todo. Eso es éxtasis. He estado evitando la melancolía, pero parece que ahora la necesito, necesito un poco de aquello que en el siglo XIX era “lo sublime”.  Ahora, lo profano. La playa de Barcelona está asquerosa. Llena de gente con altavoces bluetooth incrustados en sus cuerpos, esparciendo música que detesto (bachata, salsa, voces con autotune) y pelotas de voley, hamburguesas del McDonalds y latas de cerveza. Y haciendo YOGA. Qué puto sinsentido todo. Si el infierno existe, es eso.  Recordé un paseo, justo

Ya puedo bañarme

Parece verano, hoy me he puesto pantalón corto. Adormecida en la terraza, he escuchado a alguien, a lo lejos, fregar los platos y colocarlos en el escurridor. El paisaje sonoro me ha recordado a la piscina de la urbanización en la que pasaba los veranos de niña, cuando iba con mis amigas después de comer y teníamos que esperar a hacer la digestión dos horas y media para poder bañarnos. Siempre me parecía una pérdida de tiempo porque a esas horas la piscina estaba vacía, y a partir de las cinco, que era más o menos cuando se acababa el suplicio de la digestión, se empezaba a llenar. Luego surgió la versión de "si te bañas justo después de comer no pasa nada, pero tiene que ser justo después, antes de que empiece la digestión". Era un poco estresante, ¿no? Calcular ese "justo después" sin pasarte de la raya. En la playa estaba la versión de comerse el bocadillo dentro del agua como remedio para esquivar el tedio existencial de la digestión. Estas últimas semanas han p

L'hora de veritat

  Me aburren muchos los gamers, los youtubers y los streamers. Y el Mago Pop. No me interesan en absoluto.  No me interesa nada, excepto la academia de arte que hay en mi calle y lo que se ve desde fuera. Me encantaría saber pintar o esculpir. Me mancharía la ropa, el mono azul que usaría para pintar o esculpir. Y no me importaría que mi arte no fuera a ninguna parte. En la playa hay un reloj de arena que te dice la hora real (lo pone, "l'hora de veritat"), y me di cuenta de que vamos adelantados una hora al sol. Y la semana que viene iremos dos. Es un poco incongruente. Estoy triste. 

Contentura

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Hoy estaba ensayando la batería de Where is my mind, de Pixies, y al recordar el tema y analizarlo, y escucharlo atentamente, me ha parecido una canción tan buena, que he pensado que toda la música de ahora no vale nada. Me he sentido muy old. Cuando empieza el bajo es brutal. Y los acordes de la guitarra acústica. Y la eléctrica que va surcando toda la canción. Y el golpe de hi-hat abierto. Y los fills. Y el crescendo del inicio. Y las cajas cruzadas con el bombo de los puentes. Y los uhh uhh que impregnan todo el tema. Y ya. Estoy muy muy contenta.

Mudanzas

Estos días he ayudado a una amiga a mudarse. Ha sido bonito moverse de un lado a otro, por el ensanche barcelonés, con una vida en cajas y bolsas, todo dentro de mi coche, lleno, a rebosar.  Y yo también me he mudado simbólicamente, y siento que he dejado atrás mucho peso. La redistribución de la mitad de mi casa ha venido acompañada de sensaciones nuevas, una habitación más luminosa y un espacio por conocer, como descubrir algo que siempre había estado pero que hasta ese momento no habías visto. Se vienen cosas nuevas, momentos excitantes, días locos. ¿Primavera?

Seguro que le pasa a mucha gente

He bajado a comprarme una napolitana de chocolate para desayunar. Me gusta ese momento en el que la gente sale del metro e inunda la acera, y van de prisa hacia sus trabajos o sus clases, y pasan autobuses, y bicicletas... y todo ello se mezcla con el trisar (lo he buscado en el diccionario) de las golondrinas de Barcelona. Si no fuera tan bonito, sería insoportable. Lo que sí me gusta de trabajar presencialmente es "ir", por todo lo demás, estoy encantada teletrabajando.  Echo de menos ser especial para alguien. Y a su vez que alguien sea especial para mí. Echo de menos el amor, el deseo, la tontería... y todo eso. Qué vergüenza, qué vulnerabilidad, qué verdad. Qué difícil comprenderlo. Seguro que le pasa a mucha gente. Pero después del amor, la tontería, y el deseo, viene lo contrario... y es doloroso. Eso también es verdad. Bueno, ya volvemos a los problemas absurdos y manejables, los de pasar el día a gusto con alguna rayada.

Final de temporada (¿de ciclo?)

"Usted no tiene cáncer, no le vamos a dar más quimioterapia", le dijo el médico a mi madre tras ver los resultados de las últimas pruebas. Le harán revisiones cada tres meses.  Me siento aliviada, también nerviosa. Tengo ganas de desconectar. Off. ¿Tengo ganas de descansar?  La perri está mejor, el medicamento hace efecto. Por lo visto, ya no le duele. Hoy hemos dado un paseo muy largo. Me gusta volver a verla feliz, con ganas de jugar. El domingo pasado redistribuí mi casa para no dormir en el lado en el que hacen ruido los vecinos. También me di cuenta de que pasaba todo el día en la habitación más pequeña y que era hora de expandirme. ¿Será esta la solución? Lo sabré con el tiempo. Hoy he llamado gilipollas a un señor que se ha saltado un semáforo (yo estaba cruzando el paso de peatones). El otro día también, a otro tío que iba en moto e hizo lo mismo. Gilipollas. ¿Qué me has llamado? Y le dije: Gilipollas. Otra vez. Y me metí en un supermercado. Me pareció un lugar seguro

Llegar de noche a Venecia

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Hay muchas cosas que me inquietan, en estos momentos. Algunas son banales, como llevar todo un año intentando que los del seguro de la comunidad vengan a arreglarme los desperfectos que causaron las goteras por el mal estado del terrado. Y no hay manera. Hubo un error en el parte que dio  el seguro, o no sé qué historias me cuentan desde hace 10 meses. Llamo cada semana. Y les he escrito muchos mails. No me hacen caso. Tampoco me hacen caso mis vecinos, que siguen haciendo ruido hasta las tantas, días sí día no. He hablado mil veces con ellos. Normalmente el que media es muy educado y pide disculpas y apaga la música y se trasladan a otro lugar de la casa a seguir hablando a gritos, porque no saben, por lo visto, hablar de otra forma. Tengo unas ganas de que abran los bares y las discotecas, espero que cuando puedan volver a salir, no pasen tanto tiempo en casa haciendo ruido por las noches. Gente desubicada de 40 años.  El mediador ya no vive en la casa y los que quedan son unos borde

Cuando te ven y no quieren cambiarte

Desde que hay toque de queda no hago nada los viernes por la noche, pero he recuperado una costumbre. Cuando me mudé a este piso, hace casi ocho años, justo abrieron un local en el que vendían sushi para llevar, lo hacían al momento. El sitio, pequeño, únicamente tenía el típico mostrador refrigerado, una barra de madera y la cocina abierta.  El primer día que entré me llamó la atención una pared decadente y desconchada, que incluso dejaba ver parte de ladrillo. Me causó mal efecto, no era la típica pared de ladrillo visto, era una pared que se estaba cayendo a trozos. Pensé que me sentía así, no sabía muy bien qué había hecho con mi vida, me parecía que se estaba desmoronando, pero tenía claro que los viernes por la noche bajaba a comprarme una bandeja de sushi para mí sola, y es lo que vuelvo a hacer ahora.  El local sigue exactamente igual y la pared también, pero la veo bonita, diría que perfecta tal cual es. Ni se cae ni le falta nada. A veces me siento tan en mi lugar, y a vece

Correr por la calle

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Dos veces por semana conduzco por la ciudad, una de noche y otra de día. Disfruto mucho de esos momentos. Del minuto de pausa en los semáforos, de la repetición de los intermitentes, del cambio de marchas, de acariciar el volante (ahora con olor a hidroalcohol de forma permanente), de los faros, de la ventanilla bajada. Abro el maletero para coger la pedalera de la guitarra y veo el saco de dormir . Siempre lo llevo. Un día se me ocurrió que nunca se sabe qué puede pasar y que llevarlo en el coche era una buena idea. Me siento orgullosa de esa ocurrencia. La calle que más me gusta para conducir de noche es la Gran Vía, sobre todo cuando paso por el Bingo iluminado con luces de neón . Me pone feliz o triste, no logro descifrarlo, en cualquier caso, me gusta. Una vez entré, con veintitantos. Queríamos beber y cenar barato. Lo que más, beber. Era el sitio ideal. Jugamos una partida. Había una chica, fue ella la precursora del plan. Yo estaba enamorada de la chica.   Con ella todo me pa

Oportunidades

Desde la casa de L se ve hasta el mar. Intenté señalar con el dedo donde quedaba la mía. Al pasar por calles por las que no había estado nunca, supe que podía encontrar algo nuevo en lo aparentemente conocido, como si las posibilidades no se agotaran. Me pareció bien, en ese momento, darle una oportunidad a todo, excepto a lo que ya sé que no merece la pena.

El planeta perdido

Esta semana me han mandado mensajes varias  personas a las que hace tiempo que no veo, ha sido muy curioso, como si se hubieran puesto de acuerdo, pero es imposible porque no se conocen. Y tengo muchas ganas de verlas, así que estoy tratando de cuadrar encuentros al aire libre, con distancia de seguridad y en horario Covid.  Por fin tenemos la fecha de inicio de la quimioterapia de mi madre: el martes. Va a ser preventiva, todas las pruebas están saliendo bien, así que el pronóstico es muy bueno. Le han puesto un aparato en el pecho para que pueda llevarse la quimio a casa dentro de una riñonera (literal). Me preocupa mucho ver cómo pierde peso (a causa de la dieta estricta tras la operación y durante el tratamiento) y me preocupa verla desanimada y cabreada. Y me preocupa el coronavirus. ¿Nada más? Muy pronto va a hacer un año de la ruptura. No veo demasiada luz en el tema del amor y las relaciones. Es como un planeta lejano, a veces aterrador, otras perdido, incomprensible, decepcion

Pasear sin rumbo definido

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El sol se pone más tarde y los días alargan, y así será hasta la noche de San Juan, cuando empezarán a menguar de nuevo... El tiempo es imparable, como un convoy que avanza sin descanso entre el amanecer y el anochecer y a través de la madrugada. Esto me ha quedado muy cursi, pero lo voy a dejar porque me gusta ponerme pomposa -de vez en cuando. Salgo a dar una vuelta por esta ciudad que solo parecen adorar mis amigas argentinas, que están encantadas con Barcelona. Paseo sin rumbo definido, voy decidiendo las calles a medida que se acercan y  me encuentro con los edificios que de niña veía desde la ventanilla del coche de mi madre, cuando íbamos a buscar a mi padre a la oficina y comíamos en aquel bar de menú diario que ahora es uno de esos locales llenos de plantas de interior, que son una cafetería y un coworking y un estudio de yoga, todo a la vez, en el que la palabra cortado está en cursiva porque es la única en castellano, y donde la gente parece estar teletrabajando pero están

Ya he remontado

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A veces (algunas veces), echo de menos tu voz en mi oído y entre las sábanas, como si fuera uno de aquellos rincones de la playa que se encuentran en verano y se atesoran, se defienden a capa y espada para que no los invada nadie más con su puta toalla. No te he dicho nada de esto (o sí, pero se me ha olvidado) porque me he vuelto práctica, sobre todo en lo relativo a estos temas que no sé muy bien si tienen que ver con el corazón, la cabeza u otras partes del cuerpo. Volverse práctica y dejar de escribir poemas, mensajes, mails. Práctica y operativa. Gestión del tiempo, gestión de las tareas, gestión de los recursos. Menuda mierda. En realidad, quería escribir sobre el fin del mundo y el caos en el que parecemos inmersos, y me ha salido lo otro. La canción de hoy es una versión del tema PDA de Interpol, grabada por  Day Wave and Hazel English.

Mañana remonto

Me duelen cosas, situaciones, circunstancias, lugares.  Algunas son que me dejen de querer. Que los días se vayan. Me duele la cabeza. Que me dejen de querer (una y otra vez). Yo, a veces, me duelo. Que las personas se mueran, que se vayan, que ya no existan, que se lleven momentos, que estén en las fotos sonrientes pero no se puedan tocar. Por mucho que las recuerdes, nada...Yo un día estaré muerta, pero puede que no haya nadie que intente recordarme. Que las personas vivas se vayan. Estén en las fotos, sonrientes, pero no se puedan tocar. Me duele que pase el tiempo. Que el amor desaparezca. Me duele sentirme tan triste.  Creo que mañana remontaré porque hoy ya estoy bastante abajo. 

Cambiar el coche de sitio

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He salido a meter el coche en el parking porque lo tenía aparcado fuera. Esto es de persona muy mayor ya. He aprovechado para dar una vuelta y he escuchado la radio. Estaban entrevistando a Irene Escolar. Llovía y hacía frío, pero la rambla estaba llena de gente paseando, me ha sorprendido bastante. A veces me molesta aburrirme, me molesta más que me moleste aburrirme que el aburrimiento en sí, pero tampoco me apunto un bombardeo para evitar el tedio. Es una paradoja existencial.  Estoy hirviendo dos huevos porque me apetecen. Siempre que hago huevo duro me acuerdo de una chica a la que le gustaban bastante, o tal vez no, pero yo tengo ese recuerdo. Cuántos recuerdos equivocados tendré de algunas personas y cuántos tendrán de mí.  Las ventanas iluminadas forman una cara. A veces no recuerdo que vuelvo a llevar el pelo azul turquesa y me sorprendo cuando me veo en el espejo. Creo que el pelo azul me da suerte. Cualquier cosa. Estoy cansada de la pandemia, pero acabo de recordar a la enf

Siempre que dicen que va a nevar

Las tardes frío y de invierno son bonitas, si tienes casa y calefacción. Lo mismo para la nieve.  Siempre que dicen que va a nevar en Barcelona, no pasa. Pasa como con los horóscopos. aun así, a mí me gustan bastante, siempre dándote de un hilo del que tirar y con el que ilusionarte. La conjunción de nosequé con tal en tu casa 7. No importa lo que digan, siempre puedes interpretarlo de algún modo que coincida. Aunque yo ahora ya he aprendido a decir que no a algunas predicciones que no me gustan... Hoy he estado hablando con mi abuela, mientras tendía la ropa. He estado hablando en voz alta con ella. Es una de las ventajas de vivir sola, que puedes hablar en voz alta con quien te dé la gana, aunque no esté. Sin embargo, es la primera vez que lo hago, no recuerdo nada similar. Me he sentido muy acompañada hablando con mi abuela y recordando cuando la ayudaba a tender la ropa en su celobert . Le he contado que mi madre está mejor porque el médico ha dicho que de los ganglios analizados n

Día de reyes

  Ayer no me apetecía estar sola. Me costó dormir porque los vecinos no han parado de hacer ruido. Tengo un problema de insomnio, un 50% por culpa de los ruidos, el resto lo añade mi cabeza. La farmacéutica me dijo que desde que empezó la pandemia han aumentado los problemas para dormir. La pandemia sirve de excusa para un montón de cosas. Me he despertado y me he propuesto conseguir un roscón de reyes, como fuera, pero ya no quedaban, todos estaban encargados. He ido a tres pastelerías. En su defecto, me he comprado un tronquito de nata. En la casa de las comidas estaban hablando sobre las personas del barrio que han muerto durante la última semana. No me libro del tema de la muerte. Me he hecho autoreyes, me compré un juego de mesa y hasta hoy no lo he abierto.    Solo se puede jugar a partir de tres personas.  El ambiente en casa de mis padres es depresivo. Mi madre, aunque se encuentra mejor, no está animada, está bastante desmoralizada. Del único modo que se me ocurre ayudarla es

Eso que suena durante toda la canción

Hace mucho frío en la calle y la perri camina de puntillas. Me ronda el miedo... otra vez. Esta mañana he estado estructurando una canción nueva que hicimos entre los cuatro. Con la guitarra al hombro, cortando fragmentos, pegándolos en otro lugar, añadiendo algún riff nuevo, algún detalle en la melodía. Es una canción alegre pero yo no lo estoy demasiado. Todavía no tiene letra. He disfrutado porque estaba muy concentrada. Luego me he puesto triste recordando cosas bonitas que ya no están, pero como no quería recordarlas iba echando el freno. Ha sido una nostalgia interrrumpida, pero derrapando. Ayer vi el episodio de Song Exploder en el que Trent Reznor habla de cómo compuso Hurt. Me conmovió. Me encantaron todos los detalles que fue desgranando. Quiero escuchar el podcast en el que está basada la docuserie YA.

Cambio de planes

He decidido cambiar de planes y no escribir cada día del año. En el momento en el que he contado día tres.  Hoy ha sido un día de alegrías. He estado ensayando con los del grupo y luego hemos comido pasta.

Día 2

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Hoy he vuelto a casa, después de 16 días intensos, de mucho estrés y emociones. Durante esta semanas he dormido en dos camas distintas; en la del hospital, junto a mi madre, y luego, en la mía de adolescente. Esta noche lo haré en la que es mi cama desde hace casi ocho años.  Cuando he abierto la puerta, el sol inundaba el comedor. Dejé todas las persianas abiertas para cada día estuviera iluminada porque es una casa con alma. En cierto modo, cuando me marché, sentí que iban a pasar muchas cosas. Las guirnalda de luces solares del balcón se ha encendido cada noche. Cuando he llegado, inevitablemente olía a cerrado, como cuando vas a ver un piso en venta o de alquiler. He ventilado y he encendido la calefacción,  están siendo unas semanas de temperaturas insualmente bajas en Barcelona. La perri, lo primero que ha hecho, para celebrar que ya estábamos de vuelta, es salir a la terraza a tumbarse en su cojín de tomar el sol. Yo he llenado la nevera de comida, y luego me he puesto a su lado

Día 1

El primer día del año es siempre una especie de resaca símbolica (o literal) del año anterior. Se acumulan tantas emociones durante la víspera, tanto esfuerzo, como si dieras un gran paso para cruzar de año, como si saltaras de una orilla a otra o cambiaras de tren en marcha.  Como no tenía demasiada energía, he optado por leer el libro que traje en la mochila, “Ya no necesito ser real”, de Flavia Company, en el que narra la primera parte de su vuelta al mundo hospedándose en casas de antiguos alumnos y lectores. Me ha parecido bonita esa gran familia que encuentra allá donde va. No sé si yo podría, aunque soy sociable, pero lo de ir a casas de otras personas siempre me ha costado. ¿Y si ya no? ¿Y si he cambiado y no me doy cuenta porque me fío de lo que creo saber de mí? Me he propuesto, para este 2021, escribir una entrada diaria, es una forma de buscar algo que destacar y poner en highlights, para que no se quede el día entre el montón.  Con la muerte de mi abuela, me he dado cuenta