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Las ganas que tengo

Después de estos días complicados, solo tengo ganas de alegrías. Me apetece disfrutar. Si eso es muy difícil, me conformo con estar tranquila. La muerte de mi abuela me ha hecho pensar en la muerte de todos los que van y vamos detrás de ella. Será algo inevitable y el dolor por la pérdida, también. No voy a añadir nada más porque todo sería obvio.  Tengo ganas de acostarme con alguien (que me guste) o de cambiar de lugar, por lo menos, una semana. También tengo ganas de que me hagan cosquillas. Y tengo ganas de todo lo bueno. Lo más fácil es lo que depende solo de mí: cambiar de lugar; un avión, cinco capas de mascarillas y una pcr.  

Te recordaré bailando

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Yaya, que en paz descanses. Ya han operado a la mama y está bien, no pude decírtelo porque cuando te llamé, cuando marqué tu número, ya no pudiste contestar. Ahora lo sabes desde donde estés. Gracias por todos los días que pasamos juntas.  Estoy acordándome de cuando me llevabas contigo a comprar al mercado y te tomabas un cortado en el Marcelino, que era de Zaragoza, como tú. Y de cuando íbamos en metro al centro y me ayudabas a contar las paradas. 14 paradas. Y del cuento de los Tres Cerditos, que tanto me gustaba, porque siempre parecía nuevo. Y de tu máquina de coser mientras me dabas la merienda, y de tus lentejas, y de tus croquetas. Y de qué lista es mi nieta, y qué bonica, y qué chicotón. Y de cuando en Navidad cantabas jotas y estabas feliz. Y de cuando ibas a bailar y te arreglabas y estabas muy guapa, y de tu canción preferida en el karaoke, “Solamente una vez”. Y del bingo, que siempre ganabas. Y de cuando en verano me llevabas a la playa temprano y nos bañábamos cuando tod

Como en un aeropuerto

El lunes, en mi primera noche en el hospital, con mi madre recién operada y ya en la habitación, me sentí aliviada, pero un poco desubicada; había ido todo bien, pero yo estaba agotada y buscando algo para cenar. La cafetería cerrada y toque de queda riguroso en la calle. Por los pasilllos de la planta, deambulando como un fantasma, encontré unas máquinas de vending con sandwiches de atún, de esos que no sabes demasiado bien qué llevan dentro. Me comí uno sentada en la salita y mirando por un gran ventanal con vistas a la montaña de Collserola, que estaba llena de casas iluminadas como si fueran luces de Navidad. Me sentí como en un aeropuerto esperando un vuelo que venía con retraso: la salita, los sandwiches, el ventanal, las luces... Tengo la sensación de estar colocando muchas piezas en su sitio.

El sentido de todo

Tengo ganas de que acabe el día y de irme a dormir, por eso escribo. Qué gran compañía encontré el día que descubrí que podía escribir. O el día que descubrí que podía tocar la guitarra. O el día que descubrí que podía leer. Y ahora, que he descubierto que puedo tocar la batería. Desde el hospital se ve el mar. El mar siempre lo mejora todo. El mar es el verano, el verano tiene algo esperanzador, algo brillante. Bañarse, nadar, secarse al sol. Sería lo que yo aportaría a la montaña de significado.  Me he acordado de la novela Nada, de Janne Teller. Es la historia de un niño de 11 años que se sube a un árbol y decide que no va a bajarse ("nunca") porque se ha dado cuenta de que todo da igual y de que nada tiene sentido y de que nada importa. Sus compañeros de clase tratan de demostrarle que se equivoca. Ante todo lo hacen para salvarse a sí mismos, porque Pierre Anthon está enfocando algo molesto, algo incómodo. Está alterando el orden "del grupo". Los compañeros, pa

Últimas semanas del año

Mañana ya ingresan a mi madre. Antes de irse a dormir me ha dicho que quería decirme algo. Me ha hecho prometer que si le pasa algo, no me hundiré, que seguiré con mi vida y que cuidaré de mi padre. Con esas palabras. Le he dicho que no le va a pasar nada, y que todo irá bien, y que el día de Navidad ya podremos estar juntos en casa. A veces me siento sola y fuerte como un transatlántico. Lo superficial no tiene en cuenta los matices. 

Sorprendida

Estoy muy feliz porque hoy me han dicho que me renuevan el contrato. Lo cierto es que me he emocionado tanto que he tenido que contener las lágrimas en la reunión. Este trabajo es muy importante para mí. Lo primero que he hecho es llamar a mi madre para decírselo. Se ha puesto tan contenta, que mi padre ha confundido los gritos de alegría y ha pensado que había pasado algo malo. Había tanta niebla hace unas semanas. Mi corazón hecho puré de hace unos días. El miedo. Estoy muy sorprendida. 

Recuperar la identidad

El miedo se ha marchado, las últimas pruebas salieron bien. La semana que viene operan a mi madre. Justo tres días antes de Navidad. Pasé unas navidades en un hospital cuando le dio el infarto a mi padre, hace más de 10 años. Comimos mi madre y yo solas en el bar del hospital el día 25. No había nadie. Estábamos felices porque mi padre se estaba recuperando. Qué tontería, pero recuerdo que la comida estaba muy buena. Yo ya escribía este diario, así que ya lo conté en su momento, pero en presente.  Hoy hace frío y calor al mismo tiempo. Mi vecino ha puesto música y está cocinando. Gracias al trabajo estoy conociendo a personas muy interesantes. Lástima que todo sea virtual. No quiero que se acabe, pero ya me he hecho a la idea. La semana que viene sabré cuando finaliza mi contrato.  He estado documentándome en el archivo histórico digital del barrio, a ratos libres. De momento, solo busco historias.  He vuelto a ver Phoenix, con Nina Hoss, me parece una mujer muy atractiva. Es una histo

Miedo

Que mi madre vuelva a estar enferma me asusta. Es algo que no sé cómo encajar, falta, todavía, mucha información. No sé cómo manejaba esta incertidumbre con 21 o 22 años. Sin embargo, tengo recuerdos muy vivos de la otra vez. Conducir con la “L” en el coche mientras la llevaba a quimioterapia; escuchar a un médico nervioso decir que la operación no había salido bien; despertarme riendo con mi madre y que la habitación se llenara de sol; dejar a mi novio porque me gustaban las chicas; salir del armario; pasar muchas horas con mi padre en salas de pespera, los dos solos; esperar frente a una puerta amarilla con un cartel de “peligro, radiación”; los bocadillos de pimientos fritos en el bar de al lado del Hospital Clínic.  Me duele todo el cuerpo. Es de miedo. Mañana voy al dentista y podré no pensar en nada durante el rato que esté allí. Sé que ahora no me creo gran cosa, ni me siento gran cosa. Tantos desplantes vitales seguidos me han hecho puré el corazón. “Tal vez tengan razón”, dice

Como una avalancha de nieve o una inundación

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Me he acordado de aquella fiesta de Navidad en Madrid, a la que fuimos con aquella amiga de... ¿Pamplona?, que estaba estudiando Medicina, en la que pichaba Juan de Pablos. Todo nos parecía vibrante e incandescente como las luces que aquella noche iluminaban la Gran Vía. Fueron unos años excelentes, en general. He sentido períodos así después, pero cortos, no se han mantenido, han dado para unos meses. Se han ido truncando, interrumpiendo. ¿Estaré haciendo algo mal? Pensando en todo eso ha aparecido un llanto venido de no se sabe dónde, pero era como una avalancha de nieve, me inundaba... como el tema de hoy, de DEHD, una banda de Chicago que debutó en 2016. Ayer, un semáforo, el coche de al lado. Dentro, cuatro chicas con gorros de Papa Noel y mascarilla cantando esa canción tan manida que dice All I want in Christmas is you. Cuando decían You, me señalaban, y yo, para seguirles la gracia, me señalaba a mí misma. Hicimos eso durante dos estribillos hasta que el semáforo se puso en ver

Hay pizza

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Me gustaría ser fuerte cada día, o ser un ángel impoluto, sin tormentas. Pero empieza a torcerse la tarde, y salgo a dar una vuelta y se tuerce más, y llego a casa y la ducha no me reconforta, y mis planes de presente tampoco, y los de futuro se desvanecen, y no hay a qué ni a quién implorar. (Hay pizza). Por primera vez he echado de menos el confinamiento de marzo, abril y mayo, cuando el mundo estaba parado y no podía dejarme atrás. Sin embargo, ahora, si no salgo adelante... Si no soy fuerte... Si no acierto... Si no mantengo la llama, la motivación... Ojalá encuentre alivio, algo de calor, una recompensa a todo el esfuerzo, la insistencia, la constancia, el corazón.  El tema de hoy es Now Awake, de Jelly Crystal. Tiene una introducción preciosa que se recupera en el estribillo y sigue hasta el final.   

Terrenal

El domingo salí a dar una vuelta después de pasarme todo el sábado con dolor de cabeza; hacía un poco de frío y un sol radiante. Me subí la cremallera del abrigo hasta arriba. Con gafas de sol, mascarilla y capucha me sentí como un ser no terrenal, como un ángel paseándose por el mundo. Feliz, caminando como si nada pudiera afectarme. Entonces decidí que quería aprender a tocar la batería. Al día siguiente, el lunes, recibí mi primera clase.  Por las noches tengo la sensación de que he recorrido un largo camino durante el día. Tengo grabada esa frase en mi mente y no sé el porqué, lo de ir hacia adelante. Pero he encontrado lugares para descansar. 

¿Es ahora cuando viene lo bueno?

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Estoy para el arrastre. Tengo la regla, no puedo dormir, estoy triste. Por suerte, hoy tengo ensayo y suele ser una fuente de placer.  El martes bajé a la playa para ver amanecer; ayer también. Me da esperanza. No sé exactamente de qué, pero me vale. Quiero bañarme, como en verano. Echo de menos, como si fuera un estado de ánimo.  Hay un 99% de posibilidades de que me quede sin trabajo en enero. Ya lo sabía, era la condición. Estoy sustituyendo a una persona que vuelve a su puesto. Este es el mejor trabajo que he tenido jamás, es perfecto, tiene todo lo bueno, pero no puedo hacer nada, salvo buscar uno similar y cruzar los dedos. El 1% lo reservo para un milagro. Tengo buen curriculum, de eso puedo presumir. También de otras cosas, pero son mágicas, y las ves o no las ves. No puedo ponerlas en un archivo PDF y enviarlas por e-mail. Y la verdad es que ya empiezo a estar cansada de tener que esforzarme siempre tanto. He estado dudando mucho sobre qué canción escoger para la entrada de

A salvo entre guitarras vaporosas

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He vuelto a despertarme a las 4. Me he imaginado contigo para ver si me entraba sueño otra vez. En mi fantasía, nos besábamos y nos tocábamos las manos. Era todo muy dulce, como la uva que compré ayer junto con el vino y las pastillas para dormir, pero está claro que, de momento, no están funcionando.  Los remedios naturales tardan en hacer efecto, supongo.  Cuando me despierto siento cómo se agolpan las preocupaciones, como en la cola del supermercado, y las trampas, y el ruido. A oscuras, en mi casa, en un edificio de 1936, a cinco calles del mar, en la Barcelona, con toque de queda, he hallado consuelo en la fantasía de querernos un poco. Mi canción fetiche de la semana es "gush", del grupo bdrmm . Son ingleses. Me gusta mucho el inicio con la batería sola, y luego las guitarras vaporosas, que aparecen entre la niebla y van perfilando el paisaje.  Las canciones nuevas que estamos arreglando todas tienen final suspensivo, no acaban ni con la nota esperada ni en el tiempo e

Cortina de humo

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Estoy bastante recuperada, aunque sé que he dejado atrás muchas cosas que me gustaban, y que no van a volver a ser cómo eran. La pandemia lo confunde todo, porque se ha solapado con algunos cambios en mi vida que no tienen nada que ver con ella, la pandemia está haciendo de cortina de humo, pero está siendo un periodo tan largo que me está dando el tiempo suficiente para asimilar todo lo demás. He descubierto a este grupo, CCFX, que solo tiene un EP publicado de 4 canciones, hace tres años, pero me parecen maravillosas y me hacen pensar en cómo será todo cuando se disipe la cortina de humo, y aparezcan nuevas cosas con las que disfrutar, porque al final siempre se acaba encontrando algún hilo del que tirar. Descubrir canciones es mi nueva esperanza, fijarme en todos los detalles y disfrutarlas mientras el corazón vuela. Los ensayos siguen siendo mi momento preferido de la semana, una especie de oasis en el que me siento muy feliz. Una burbuja para ponerme a salvo.

No es lo mismo caminar para volver

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Ayer salimos a las 21:20 del ensayo, todo el mundo corría antes de que empezara el toque de queda a las 22:00. Los coches, en el breve tramo de la ronda litoral que cojo para volver del local, iban a toda velocidad. Cuando llegué al barrio, la sensación era la misma. Gente caminando sola, o de dos en dos, volviendo a casa. No es la misma forma de caminar la de volver a casa, que la de ir a alguna otra parte. Estuve en la piscina porque ya imaginaba que la iban a cerrar con las nuevas restricciones. La luz se filtraba por la claraboya y a ratos cambiaba, porque las nubes pasaban y tapaban el sol, y el agua se veía de otra tonalidad.  Hoy me han hecho una limpieza dental, no ha habido anestesia, una pena. Aun así, me ha encantado. Sentía el aparatito escarbar, el agua, el aire pasando entre los dientes. Algún calambre de vez en cuando. No entiendo por qué me gusta tanto ir al dentista. Es un descubrimiento tardío. Estoy allí un rato y me olvido de todo. 60 €uros. Estoy saliendo adelante.

El videoclub que no cerraba nunca

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Son las 20:30 de un sábado y he recordado el videoclub que no cerraba nunca. Era un lugar ideal para refugiarse. Entrar allí, pasar el rato leyendo contraportadas de películas tratando de descifrar la que podía gustarte más, sin ver el trailer, sin consultar Google, sin leer mil opiniones. Tú sola ante la caja de plástico con la portada. Finalmente, escogías una y, a veces, llegabas al mostrador para alquilarla durante 48 horas y la chica te decía que ya no estaba, que alguien ya se la había llevado.  Recuerdo ese momento, el de estar entre las estanterías buscando alguna historia en la que perderse, como algo maravilloso que se vivía en el presente y se proyectaba en el futuro. Aquello era, nada más y nada menos, que la felicidad. Eso que tanto se busca, o se desperdicia,  o se pierde, o se encuentra.  La perri está dormida mientras escribo y veo sus patitas y su morrito hundido en la manta, hundido en el presente. Acabo de acordarme de mi amigo Pereira porque él podría decirme algo q

Baltimore está a 3 horas

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Desde que fui al dentista, me duele la muela del juicio, no sé si son mis ganas de volver a por una nueva dosis de anestesia o si de verdad me duele. Todo así. Siento que mi muela empastada no funciona del mismo modo y que es distinta, como esos cambios a los que debes acostumbrarte para seguir masticando a diario.  Llevo una semana escuchando a Future Islands y Beach House sin parar. Ambas bandas son de Baltimore, que está a tres horas en coche de Nueva York. Lo primero que voy a hacer en cuanto todo vuelva a ser como antes de marzo de 2020, será ir a verlos en directo a la primera ciudad en la que toquen, y si tengo que cruzar algún océano o coger un avión, mucho mejor.  Soñé una vez que estaba en una casa mirando por una ventana, las calles estaban inundadas, la fuerza del agua arrancaba los postes de la luz. A menudo recuerdo ese sueño cuando estoy despierta, sin venir a cuento. Por ejemplo, ahora. Ahora ha aparecido por aquí... Hoy pensaba que tengo un poquito de mala suerte, pero

Anna Calvi es la que mejor versiona a Elvis

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En el coche llevo un cd de Elvis con las primera canciones. En mi cabeza, Elvis es un chico de 13 años, tímido y vergonzoso, que perdió a su hermano gemelo (Jesse) al nacer, y que toca la guitarra y canta después de trabajar. Vive en una humilde casa blanca de madera, construida por su padre, en Tupelo. Anna Calvi es la mujer que mejor versiona a Elvis. En este vídeo pide un poco de luz para empezar porque  necesita saber a qué altura del mástil van los dedos. Yo tengo una pegatina luminosa tras el mástil, en el quinto traste, para poder situarme cuando hay poca luz.  Hice una lista de últimas voluntades para cumplir antes de que acabe este peculiar año. La que mejor se me da es la más frívola de todas, que es la de comprarme toda la ropa que me apetezca, aunque solo sea para llevarla en casa y para salir a pasear con la perri. Ahora que para frenar la vida social y los contagios se cierran los bares y restaurantes, me he dado cuenta de que no voy a bares ni a restaurantes desde hace m

No sabemos cómo será ese día ni tampoco el de hoy

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Cada año compro algo en el supermercado que caduca el día de mi cumpleaños,  y pienso: ¿Cómo será ese día? ¿Será normal o especial? ¿Acaso será malo? Este año caducan el 14 de octubre unos flanes, unos huevos y una bandejita de bacalao desalado. No sabemos cómo será ese día. El 2020 me parece provisional para todo, dada su excepcionalidad, como si fuera un año en pausa en el que nada puede planearse, pero no es así. Pasan los días y las semanas y los meses. Estoy cuidando mi corazón que late. Esta semana no paro de escuchar a Girl Names, una banda de Belfast, pero ya hace dos años que no sacan disco con canciones nuevas. Este año han publicado, por lo menos en digital, una colección con todas las demos desde que empezaron en el 2009, pero no sé si siguen tocando. Acabo de comprar en el bandcamp de la banda una copia en vinilo de un disco que sacaron en 2018. Fijo que se van a poner super contentos cuando vean que alguien, desde Barcelona, les compra un disco de esos que deben tener en

Lo vi distinto, lo vi todo más bonito

  Se está muriendo el geranio. Puede que sencillamente esté entrando en esa fase de estar mustio para renacer de nuevo, aunque yo no recuerdo que mi abuela tuviera los geranios feos en ninguna época del año. Yo veía aquella terraza de la calle del Clot como una selva húmeda y sombría, pero en cierto momento de mi pre-adolescencia descubrí que podía sentarme a escribir en la mesita y pasar la tarde fuera, en la selva misteriosa. Hará un par o tres de semanas,  fui a visitar la exposición de una amiga y me di cuenta que el lugar estaba cerca de aquel piso en el que vivía mi abuela y los geranios. Lo vi distinto, lo vi todo más bonito. Tanto que al día siguiente volví a dar un paseo por el barrio y estuve toda la mañana por allí, sobre todo en el parque. Esa tarde, la de la exposición, sentí alegría. No sé si porque estaba haciendo algo “normal” o algo que era habitual en la “normalidad pre-pandemia”. Volví a casa y me puse el disco que me regaló V e imaginé que estaba en un bar tranquilo

Solo me gustan los nadadores

Podría decir que estoy en el séptimo cielo laboral. También podría decir que he hecho grandes esfuerzos.   Siento amor cuando mi perra corre por el parque, contenta y despreocupada, y luego volvemos a casa tras la alegría inmensa del césped, los àrboles, la fuente y el sol de la tarde escondiéndose, y se oyen platos en las cocinas de las casas y algunos televisores encendidos. Me he comprado una linterna para leer cuando no hay demasiada luz. Creo que también va a ayudarme a iluminar eso que tanto miedo da.    ¿Y si me quedo atrás? Y el mundo sigue y no logro alcanzarlo... Hoy he nadado mucho y he sentido que avanzaba. Había un chico en el carril de al lado. Solo me gustan si son nadadores. Ha salido del agua y se ha puesto un albornoz negro. Era el chico más guapo del mundo y lo he mirado.   Últimamente tengo el sueño roto. Me he despertado a las cuatro de la mañana. Me he acordado de que A. me había dicho que la luna de octubre era la más redonda. Y me he levantado de la cama para ve

Repara todos los daños

En la ducha, me he dado cuenta de que en la etiqueta del champú dice “Repara todos los daños. Fortifica.” He empezado a lavarme el pelo a conciencia imaginando que realmente lo repararía todo: el alma, los pensamientos, los miedos. ¿Volveré a sentirme fuerte como un árbol frondoso que crece y crece? o ¿fuerte como una plantita que, tras quitarle las hojas secas, vuelve a reverdecer? Me gustan las dos versiones. Esta noche duermo en mi cama de adolescente.  Mis dudas no se parecen a las de entonces. Mi padre sigue poniendo el volumen del televisor alto. Mi madre escucha la radio.  Bona nit. ¿Y si mañana empieza la nueva etapa?

Tras las persiana

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Si fuera una tenista a la que vuelve a dolerle aquella rodilla que se jodió en un partido, sería más fácil de llevar para mí y para los demás. Me daba tanto miedo el verano que no pensé en que el otoño también podía ser un laberinto complicado. Ha salido el sol justo cuando ya está a punto de irse. Eso sería como llegar a la fiesta cuando ya se acaba. Aunque todavía no estamos en octubre, ya empiezo a pensar en mi cumpleaños. El año pasado lo celebré con una persona. Soplé las velas y fuimos a jugar a billar al bar del señor que siempre parece estar un poco triste. Hacía calor porque en las fotos yo voy en pantalón corto. En esas fotos siempre iré en pantalón corto y siempre será mi cumpleaños y siempre lo estaré celebrando con esa persona. Los dos años anteriores lo celebré con 21 personas apretujadas en mi casa. Sin embargo, no tengo fotos. Este año, como máximo con 6. Y como mínimo conmigo. Sigue costándome mucho entender que lo que se deja atrás, se queda atrás. No sé si se debe a

Esperando el cambio de etapa (I)

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Va a rachas de viento. Cada semana espero ver señales que indiquen el inicio de otra etapa, pero no llega. Qué largo es este final. C, con su hocico corto y su palmo de altura, cuando no sabe cómo conseguir lo que quiere, acaba yéndose a dormir, pero sigue atenta a cualquier movimiento para que nada pueda pillarla desprevenida. Ella espera comida-calle-jugar, y yo mi cambio de etapa. Mi vecino sale a pasear y a meditar -o eso dice-, siempre a la misma hora. ¿Estará buscando también su nueva etapa? Llevo toda la semana escuchando el último disco de Khruangbin. Me lo regaló V. por sorpresa, un día que vino a desayunar conmigo y a preguntarme cómo estaba. Ese día pensé que ya estaba llegando mi cambio de etapa. Luego resultó que un poco sí, pero también un poco que no. La guitarra de la canción se parece a las siete de la tarde, luminosa y melancólica, tan bonita que duele bajo las costillas porque ya es finales de septiembre. 

Que todo vuelva a brillar

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Ha llegado septiembre, hay cosas que se acaban, otras que empiezan. Algunas continúan. En mi semana de vacaciones descubrí una playa a la que no había ido nunca y, a pesar de tener un chiringuito, se respiraba calma. Tengo ganas de volver un día de estos para fantasear de nuevo mientras escucho el mar. Del chiringuito me sorprendió la música. Silencio hasta las dos de la tarde, pero entonces, a esa hora el camarero siempre ponía discos enteros de Toots & The Maytals. Era esperanzador. Como si aquel chiringuito fuera la primea línea de una novela. Esa historia empezaría la última semana de agosto con unas sombrillas volando en mitad de la playa y una palmera cayendo encima de un hombre de 41 años (RIP). Las cosas están mejor, pero no están bien del todo. Mi motivación pega bandadas. Unos días mucha, otros días nada. Todavía me parecen tristes algunos lugares, como si hubieran perdido aquello que los hacía especiales. Es difícil volver a ellos, de momento. En esos sitios-persona enco

De cuatro a siete de la tarde

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Cuando he salido del coche el olor del mar se colaba entre las calles. Hoy el barrio está distinto. Han abierto algunos de los bares que cierran en fin de semana. La tienda de muebles antiguos también ha levantado persiana... sí, donde el otoño pasado compré una aceitera de cerámica durante una tarde de tormenta. Me pilló de lleno y subí a casa como si me hubiera dado una ducha. El papel de periódico en el que me envolvieron la aceitera estaba absolutamente mojado. Me costó 7€. Nada de esto es importante. De cuatro a siete de la tarde suelo aburrirme y es justo cuando pienso que debería irme de vacaciones para huir de esa franja de horas interminable. Sin embargo, sé que esa franja me va a atrapar vaya adonde vaya. También pienso que puedo contagiarme y contagiar luego a más personas. Recuerdo una sesión de cine en agosto a las cuatro de la tarde. Vi una roadmovie francesa sobre una novicia que viajaba por la costa en busca de su hermano gemelo. La acompañaba un chico que escuchaba a E

He descubierto algo

He comprendido cómo empleo la melancolía. Es una cuerda muy larga que utilizo para no desprenderme del todo, y si estiro estiro estiro, me acerca a lo que ya no está, pero nunca llego al extremo porque ya no existe. Es una especie de anacronismo. He empezado a preguntarme qué pasaría si cortase esa cuerda, ¿cómo me sentiría? ¿cómo actuaría? Y si decido hacerlo, ¿cómo lo hago? ¿qué necesito para cortarla y qué instrucciones debo seguir? Y si en vez de cortarla, que es demasiado drástico (puede que incluso peligroso), ¿dejo de estirar?  Siento que va a ser un alivio y una liberación, pero no sé cómo hacerlo, me da miedo que no salga bien. Tic tac tic tac tic tac...  No hay turistas por las calles. Es un agosto distinto. La playa estaba prácticamente vacía. La encargada del club de vela me ha dicho que se aburría mucho durante el día. Hemos estado hablando un rato sobre la nueva realidad (que no normalidad). He cogido una tabla y he remado para pensar en remar y no en otras cosas. Luego m

Los veranos que se derriten como un helado de fresa

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He visto pasar un autobús vacío y me ha parecido un refugio maravilloso. Los autobuses me inspiran seguridad desde pequeña. Cuando los escuchaba pasar desde la cama, mientras intentaba dormir, sentía algo así como: “Ahí va un autobús. El mundo es seguro. Siempre hay un autobús de un lado para otro.” Sucede algo similar con el camión de la basura, cuando lo oigo de madrugada, siguiendo su curso, sin fallar ni una sola noche. Llevo cuatro días, desde el lunes, llorando a ratos cuando recuerdo lo feliz que fui el verano pasado. Y miro a mi alrededor y nada es como antes. Si nos hubieran dicho aquella mañana en la playa -con nuestras cabezas bajo una toalla y un ataque de risa de 24 horas- que un año después ya no estaríamos juntas, y que, por separado, iríamos por la calle con mascarilla... ¿Cómo habríamos reaccionado al saber el futuro?  Todavía me cuesta comprender cómo se deshace un verano entero, cómo se deshilacha durante el otoño y el invierno, y se convierte en una madeja de hilos

No hay suficientes teletrófonos para todos

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Estoy a mis cosas y teletrabajando, ocupando mi mente y mi tiempo con eso, y esquivando todo aquello que pueda sacarme de ese redil que me pone a salvo, de esa calma, de esa rutina. En Barcelona han subido los contagios de manera vertiginosa, y aunque la recomendación del Govern de la Generalitat es "no salir de casa excepto para lo necesario y no dirigirse a segundas residencias", la gente se la está pasando por el forro. La realidad es que los bares están llenos y la costa también. Yo, sinceramente, pensaba que aquí seguiríamos a la de YA lo que nos dijera Torra. Mi planteamiento era el siguiente: si la  mayoría de población cree en algo común se configura una especie de "conciencia de grupo" simbólica, algo así como "todos a una", "tot el camp és un clam", y que si el presidente de la Generalitat lo dice, pues se cumple. Pero me he dado cuenta de que tal conciencia no existe. En realidad, los y las catalanas estamos unidos y unidas por un pl

Ángeles sobre Berlín

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Hace una semana o un par, ya no lo sé porque el tiempo pasa de un modo extraño, cené con M, a la que hacía años que no veía. Nos reímos tanto que nuestras carcajadas resonaban en la manzana. En la terracita se estaba fresco. Incluso cayeron cuatro gotas. Luego se despejaron las nubes y una luna casi llena empezó a iluminar la pared blanca. Dormí profundamente, lo necesitaba después de tantas noches de sueño entrecortado y de insomnio. Esa persona venida del pasado de hace 17 años me está ayudando en el presente, es bonito. También lo está haciendo, a distancia, Warpaint, con sus mensajes y sus cosas del día a día, y nuestra preocupación compartida por el avance del coronavirus y los rebrotes, a los que parece que, por lo general, nadie quiere prestar atención... Me encanta cómo están sonando los dos temas nuevos con la banda, me emociona escuchar la grabación que hicimos en el último ensayo. Logré desbloquear una letra el martes pasado, después de cenar, mientras contemplaba la montaña

Una persona afortunada

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  Ayer bajé a la playa un rato a nadar, después de trabajar. En el espacio reservado para pescadores no había pescadores, había pescadoras. Dos mujeres, ya jubiladas desde hace años, habían montado en la orilla tres cañas. Una de ellas, la que sabía más, le estaba enseñando a la otra algunos trucos. Aunque me dio pena pensar que alguno de aquellos peces que había visto mientras nadaba acabaría mordiendo el anzuelo, la conversación que mantuve y el momento que compartí con ellas me llenó de calma, tranquilidad. Lo puso todo en su lugar. Al volver en la bici me sentí muy afortunada. Es desconcertante porque hoy, más o menos a la misma hora, pero paseando a la perri, una oleada de tristeza me ha alcanzado. He ido al antiguo descampado, que ahora es un huerto urbano, y he aprovechado que no había nadie para llorar. Me ha preocupado un poco encontrarme con alguien del barrio y... yo allí, una persona afortunada llorando. 

La ola

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Esta noche no he podido dormir. Tal vez el calor. El ruido de la gente.  No puedo evitar los recuerdos del verano pasado, aunque no me recree en ellos. Tampoco los busco, aparecen. Tengo que esperar pacientemente a que pase el tiempo. El viernes me invitaron a una fiesta en un terrado, un cumpleaños. Decliné la invitación porque no me apetece reírme y estar pasando el rato alegremente bajo una guirnalda de luces de colores mientras el amigo de una amiga de una amiga pincha y se cree Avinchi, o como se llame.  Nadie me pregunta. Como si no supieran lo importante que esa persona era para mí. No quiero que me inviten a una fiesta, quiero que me pregunten cómo estoy. Empezar por ahí sería un buen inicio. Me apetece estar sola.  Ayer había surfistas en la playa. No es nada habitual en Barcelona y menos en verano. Pero ayer había olas. Apenas dura unos segundos estar en la cresta. Se caen, vuelven al lugar y esperan a que otra ola venga. Tienen paciencia.

La semana

La semana ha pasado como un caballo a trote. No he entrado ni una sola vez en la única red social en la que "participaba" más o menos de forma regular, y no lo he echado de menos, al contrario, ha supuesto un alivio. Tanta foto, tantas personas pululando, ¿para qué?  Tampoco he quedado con ninguna amiga ni he visto a nadie conocido (excepto en el ensayo). En cambio, he establecido mayor contacto con el grupo de habituales de la playa. Podría decirse que ya formo parte de esa tribu. Me saludan, hablan un rato conmigo, me preguntan mi opinión sobre algunas de las trivialidades diarias que se dan en la playa, como la discusión del otro día con un grupo de cuatro personas que estaba gritando demasiado. Se armó una buena, las personas silenciosas contra las ruidosas. Esas conversaciones cortas que no van a ninguna parte pero van a todas, no sé cómo describirlas. También he empezado en mi nuevo trabajo, en ese que hace cuatro años me marqué como objetivo a futuro (pero parecía muy

Novedades

Cuando he llegado esta mañana a la playa, la sorpresa ha sido que había dos buzos midiendo la calidad del agua. Han empezado a andar con sus trajes desde la arena hacia el horizonte. He visto sus siluetas sumergirse poco a poco. Me ha parecido que eran similares a los astronautas con los que me había despertado.  Mientras desayunaba, había buscado en Google imágenes de Marte.  Es un desierto lleno de montañas rocosas y arena. También he conocido a Curiosity, una máquina robot que recoge muestras. El otro día se hizo un selfie después de subir a la montaña más alta a la que había podido ascender hasta ese momento. Me la he imaginado orgullosa y cansada tras aquella hazaña, pero aun así repitiendo la foto varias veces descartando tomas borrosas.  También me ha sorprendido leer que, desde la expedición a la Luna del Apollo 11, ningún astronauta ha vuelto a pisarla. Y yo que pensaba que la luna estaba ultra-transitada. Pues no. Sin embargo, ya hay una tripulación de 20 mujeres y hombres pr

En el rincón de la playa

En mi rincón de la playa coincidimos cada mañana las mismas personas. Me he dado cuenta de que se conocen. A mí me suenan sus caras, pero supongo que otros veranos no he prestado tanta atención. Son vecinas del barrio. Escucho las conversaciones. Hay dos señores que siempre están hablando de cuando eran jóvenes. Contando anécdotas. Hoy, uno de ellos estaba recordando una época en la que trabajaba en una pastelería y se pasaba el día comiendo chocolate. Una chica de las habituales, la llamaré "la chica del sombrero", se ha ido al agua y ha desaparecido del mapa. Yo no me he enterado porque estaba nadando y han volado cuarenta minutos sin darme cuenta. Cuando he vuelto a la arena, uno de los señores, Amadeu, estaba preocupado... "On està aquella noia? fa molta estona que no la veig...” Al cabo de cinco minutos, ha vuelto y ha contado que se había ido hasta la playa nudista. La mujer del pelo corto le ha dicho a la chica del sombrero que habían estado preocupadas por ella.

En un barco

La playa estaba tranquila, sin apenas gente. Ha sido raro llegar con mascarilla y quitársela. El agua estaba fresca y cristalina. He estado nadando de aquí para allá, sin ton ni son, como si quisiera nadar todo de golpe mi primer día de playa del año. He pensado en la extrañeza de los últimos meses, en lo inaudito, y en el regalo que era poder volver a sumergirme en el mar.  También he sentido incertidumbre y una tristeza necesaria (la tristeza consciente de la incertidumbre), al recordar aquel primer día de playa del año pasado, junto a Molly Nilsson, deseando tocarle la espalda (creo que era mi parte favorita), pero sin atreverme. Y luego los siguientes días de playa sabiendo que sí podía acariciarla. El desencadenante de los recuerdos ha sido una goma de pelo que ha viajado de un verano a otro dentro de mi mochila. Una goma de pelo ajena a todas las turbulencias. Ajena al otoño y al invierno porque ha estado cobijada en un rincón de mi armario. Ha saltado todo por los aires. Qué pen

De Villanelle a perrito asustado en 0'6

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He cambiado la iluminación, y la verdad es que es tan sexy que dan ganas de follar. Tal vez es que por momentos estoy en la fase de aceptación y empiezo a recordar que tengo un cuerpo y que no solo hay coronavirus en el ambiente. Sin embargo, aunque en estos instantes me sienta peligrosa como Villanelle, buena parte del tiempo soy como un perrito de ojos tristes. Espero encontrar un término medio en los próximos días. Semanas. La visita por sorpresa del sábado, y la de hoy, me han ayudando a salir del bucle de la nostalgia en el que a veces me veo atrapada (aquello de que se me parte el alma...)  Hoy he estado trabajando en la dichosa canción con la que llevo todos estos meses peleándome, y por fin he sentido que estaba orgullosa. No me había pasado antes tardar tanto en decidirme por una canción, pero últimamente es como si dudase de mí todo el tiempo. Durante las semanas duras de encierro no me apetecía hacer nada, y además me parecía que era banal estar componiendo. Tampoco lograba

Solucionarlo todo

Ayer estuve aguantando bastante el tipo hasta que viendo el documental The Archivettes escuché un poema (no cito autora o autor porque no aparecía en los créditos finales, pero me encantaría saberlo):  Te vi cruzar la calle ligeramente encorvada sin reparar en mí Y sonreí al ver esa mezcla  de torpeza, gracia y fuerza.  Entonces, de repente,  sentí miedo de los coches,  de las calles que cruzas,  de los días que pasan.  Me sostienes como una vaso sostiene el agua.  Te pueden hacer añicos como el cristal. El poema me dejó tocada, me quedé una hora mirando los árboles por la ventana, sobreviviendo. Luego cogí la pala de ping pong y me puse a hacer toques con la pelota en el pasillo, para sobrevivir más, hasta que decidí salir a la calle a que me diera el aire. Casi mejor. Hoy ha sido un día totalmente distinto al de ayer. He quedado por primera vez con un amigo, no nos veíamos desde febrero. Luego he tenido dolor de cabeza, como si después de tantos meses sin vida social hubiera cometido

Dos palas de ping pong

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  Hoy es miércoles pero parece un viernes lluvioso. Puede que haya estado escondiéndome tras el miedo al desconfinamiento para no retomar mi vida. Si no recuerdo mal, tenía asuntos por resolver...  Tengo una contractura, supongo que porque estoy inquieta (rígida), ayer me puse una pomada que tenía por aquí y que se dejó Molly Nilsson. No me acordé de devolvérsela. Cogí el coche y metí la mano en la guantera y estaba llena de tickets del parquímetro de la playa. Recordar el verano pasado me llenó de melancolía y estuve varios minutos dentro del coche, en silencio, antes de arrancar.  Creo que estoy en la fase de tristeza. Hay días en los que no le encuentro gracia a nada. Como cocinar sin sal. Sin embargo, me he comprado dos palas de ping pong. Deseo muchísimo jugar a ping pong. Ahora tengo que buscar a alguien para jugar, es lo que tiene el ping pong. Debería haber una aplicación para buscar a personas con tus mismas aficiones, o algo así, pero que no quisieran ligar. Eso no me apetece

Cementerio vs Terrazas

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  Hoy me he acordado de todo eso que se decía cuando aplaudíamos a las ocho (bueno, yo no aplaudía porque ya sabía que era una pantomima): "esta pandemia nos cambiará, no seremos los mismos". Carcajada. De momento, yo no veo que nada sea distinto. Esta semana ya he visto las terrazas hasta los topes, sin ningún tipo de distancia de seguridad ni nada de todos esos planes de desescalada que diseñan los expertos y que llenan tantos documentos oficiales. Como estoy un poco enfadada con el mundo, mi irritabilidad está más elevada, y tengo una especie de cruzada personal. No sé qué historia nos están contando de cómo será el verano de la nueva normalidad. Pues será igual que siempre, con playas abarrotadas e idiotas que se te sientan encima de la cabeza, si es necesario, y te ponen su lista de canciones preferidas en la oreja y los pies en la boca. Ayer vi la película "Les Combatients", me quedé con la frase “para sobrevivir hay que aprender a aburrirse”. Hoy he visto &qu

Oops, I did it again

Parece que se está solucionando uno de mis dramas. El vecino ha venido a la puerta de mi casa a disculparse y me ha prometido que no va a volver a suceder. Hemos llegado a un acuerdo de convivencia en nuestra mesa de diálogo improvisada en la escalera. Me ha parecido que estaba siendo honesto. El tiempo dirá si es así. Hoy he sentido dolor en el alma. Es curioso saber perfectamente que lo que te duele no puede ser otra cosa que el alma, eso tan etéreo... He estado llorando en plan mal, en plan llorando comiendo, llorando fregando platos, llorando regando. Creo, sinceramente, que he retrocedido tres peldaños en mi proceso de duelo; la cuarentena absoluta me protegía. Pensé que esos dos meses de confinamiento me darían algo de ventaja cuando la vida volviera, algo de ventaja para recuperarme y tener confianza para cuando todo y todos regresaran a su cauce, pero ahora me doy cuenta de que tal vez no haya alcanzado todavía tal entereza. Siento haber caído en la apatía y la nostalgia; en re

Lunes intenso

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  Hemos hecho intercambio de todas las cosas que cada una tenía en su casa y que pertenecían a la otra. También nos hemos devuelto las llaves. De camino, me he acordado de aquel día que fuimos a bañarnos a la playa lloviendo. Y de un montón de momentos que iban pasando por mi cabeza como una noria. Nos hemos encontrado en el lugar en el que quedábamos siempre. Me ha abrazado, ha sido bonito y triste, sin embargo, sentir su calor me ha reconfortado. Ambas llevábamos mascarilla y eso me ha hecho pensar que empezamos juntas el confinamiento y que, en aquellos primerísimos días, nos poníamos un pañuelo para taparnos la boca y la nariz, todavía hacía frío y encendíamos la estufa en su casa. Me ha regalado un disco que nos gustaba escuchar. Llevaba una camiseta de verano con flecos, como esas que nos poníamos de niñas en los 80's.  De vuelta, me he puesto a llorar por la calle y las terrazas estaban llenas de gente ansiosa, como si llevaran un año sin salir. Me temía esto, ir a destiemp

El nombre de los árboles

No sé si he registrado aquí los problemas que tengo con los vecinos desde que no trabajan debido al parón. Las fiestas antes eran menos habituales. He hablado con ellos y les he escrito notas, pero no hay forma. Hoy he avisado a la Guardia Urbana (¿?) porque se me ha agotado la paciencia, y sencillamente, tras llamar varias veces con golpes fuertes en la puerta, no les han abierto y han seguido a lo suyo en cuanto se han marchado. La "fiesta" o "reunión" ha continuado hasta las 12:00 del mediodía de hoy (empezó ayer a las 22:00 de la noche). He dormido en el sofá después de varias horas sin poder pegar ojo en la cama porque mi habitación está cerca de su comedor, que es donde suelen juntarse con amigos o con los alquilados de Airbnb. No ponen música como los que tenía antes (a los de antes, los Mossos les reventaron la puerta durante una redada -yo no tuve nada que ver- y dos meses después se fueron y entraron estos), solamente hablan y hablan, pero no en un tono mo

Caduca en 60 días

No puedo dormir. Me había acostado a las 23:00, pero me he vuelto a levantar a las 2:11. Está todo tranquilo, no se oye ni un alma. Veo luz en algunas ventanas, pero pocas. Las personas de esas ventanas también me verán a mí despierta y seré su esperanza, su atisbo de comprensión... He bajado la guardia y se están descontrolando un poco las emociones. Las tenía sentaditas y se han revolucionado. A ver, tú, miedo, qué haces por ahí acechando... ¿qué tramas? A ver, tú, tristeza, ¿qué te pasa? ¡Vuelve a tu sitio! Claro, no me extraña, tienen ganas de salir y hacer botellón, y de ir a la playa en grupo infringiendo las normas y de salir en la franja horaria que no toca. Y yo, en cambio, lo que quiero es domesticarlas y peinarlas con colonia. Qué psico esto... Hay pájaros cantando. Es plena noche. ¿También tienen insomnio?  De esta crisis, lo que me asombra es que dos meses de inactividad nos puedan mandar a la mierda. Pues menudo fallo del sistema si 60 días suponen que algunos negocios ci

El sol cada vez está más alto

El sol está cada vez más alto a esta hora. La luz me recuerda a la isla y a mis ganas de volver, pero este año no creo que pueda. Me alegro de tener un refugio, un lugar seguro. Las ocho es el momento de la ducha al llegar a casa, y de salir con el pelo mojado a dar una vuelta por Sant Francesc o de ir al Kiosko de Ca Marí. De todo ello ya tengo muchos recuerdos sola y me gusta que sea así, recordarme a mí. He visto tiendas abiertas y me ha sorprendido. Llevo días pensando intensamente en Molly Nilsson, sabía que esto iba a pasar con el desconfinamiento. Yo voy a quererla igual todo el verano. Y los veranos son largos por aquí. No sirve de nada ignorar lo que sentimos. Durante el confinamiento todo estaba en pausa, inmóviil.  Mmm, estoy viendo la ropa de mi vecino tendida. Me gustan sus camisetas. Molly Nilsson... sus ojos y sus labios. Me gusta desde hace tanto tiempo, desde tanto tiempo antes de salir, que cómo se me va a pasar tras un par de meses de ruptura... sería absurd

Siempre son las dos de la madrugada

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Por lo visto, en la Edad Media se creía que si estabas feliz no te contagiabas con la peste negra, así que la gente cantaba e intentaba espantar el mal tratando de sonreír ante la tragedia. Ahora tenemos que subir fotos y vídeos en Instagram para que todo parezca que va bien. Una de las cosas que más me impactaron durante las primeras semanas de confinamiento fue ver que la redes sociales no paraban, que las publicaciones seguían y que la gente inventaba las mil y una formas para continuar como si tal cosa. Conciertos en streaming, entrevistas al vecino, gente cantando en el balcón, conexiones en directo, publicidad segmentada, publicidad buscando tus puntos débiles, scroll infinito, evasión continua... Totalmente innecesario, y no es por ser aguafiestas, solo que a mí no me apetecía todo eso. En cambio, la radio es diferente. Ya sea en formato podcast o tradicional, me encanta escuchar historias, crónicas, canciones, de ese modo tan íntimo, con la sensación de que solamente tú estás a

La más bonita saliendo del agua

He recordado aquel día en la playa en el que te vi salir del agua y pensé que eras la mujer más bonita del mundo. Y no es  una exageración. Me ha alcanzado la nostalgia justo cuando sabía que ocurriría: con el desconfinamiento; que es igual a la salida de la cueva, la salida de la guarida, la salida del escondite, la salida del caparazón, la salida de la caverna. Mis sombras eran amables, estaban controladas... bajo la luz, ya no hay duda posible, lo tomas o lo tomas, porque dejar de lado no se puede. Sin embargo, hay un problema resuelto, un problema muy importante del que ya no me tengo que preocupar: el trabajo. He encontrado trabajo y es el que quería. A veces me ocurren este tipo de cosas de persona exitosa, y luego otras de pringada total, ¿será para equilibrar la balanza? Echo de menos. Es como esas velas que no se apagan jamás, las de las tartas de cumpleaños, que por mucho que soplas y soplas, cuando te parece que lo has conseguido, vuelven a encenderse y vuelves a echar de me